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Iberian Mining Enterprises

Los minerales que hacen posible la transición energética y digital

Minería y transición energética

Paneles solares, aerogeneradores, vehículos eléctricos, baterías, redes inteligentes, centros de datos o teléfonos móviles forman parte de una transformación tecnológica que está cambiando la forma en que producimos energía, nos desplazamos y nos comunicamos.

Pero detrás de todas estas tecnologías hay una realidad menos visible: necesitan minerales.

Cobre para transportar electricidad. Litio y grafito para almacenar energía. Tierras raras para fabricar determinados imanes de altas prestaciones. Silicio para paneles solares y semiconductores. Y junto a ellos, otros materiales como níquel, manganeso, aluminio, galio o germanio desempeñan funciones específicas en diferentes tecnologías.

Por eso, hablar de transición energética y digital implica hablar también de materias primas y de las cadenas de suministro que permiten convertirlas en los materiales que utiliza la industria.

Una economía más electrificada necesita más materiales

La transición energética supone sustituir progresivamente tecnologías basadas en combustibles fósiles por sistemas en los que la electricidad adquiere un protagonismo mucho mayor.

Esto significa desplegar más generación renovable, ampliar y modernizar las redes eléctricas, desarrollar almacenamiento energético y electrificar actividades como el transporte o determinados procesos industriales.

La Agencia Internacional de la Energía señala que la expansión de las redes, las energías renovables, los vehículos eléctricos y el almacenamiento está impulsando el crecimiento de la demanda de minerales como cobre, litio, grafito y tierras raras. En 2025, el sector energético fue responsable de alrededor del 75 % del crecimiento de la demanda de los principales minerales vinculados a estas tecnologías. IEA

No todos los minerales cumplen la misma función. Tampoco todas las tecnologías utilizan exactamente los mismos materiales. Pero algunos aparecen una y otra vez en los sistemas que están transformando nuestra economía.

Cobre: conectar y transportar la electricidad

Si hay un material transversal a la electrificación, es el cobre.

Su elevada conductividad eléctrica y térmica hace que esté presente en cables, motores, transformadores, equipos eléctricos, instalaciones renovables, vehículos y numerosas infraestructuras.

Es especialmente importante en las redes eléctricas, que deben crecer y adaptarse para conectar nueva generación renovable, sistemas de almacenamiento, puntos de recarga, industrias electrificadas y un número creciente de dispositivos.

También está presente en los centros de datos y en la infraestructura eléctrica que necesitan para funcionar.

La IEA proyecta que, con las políticas actualmente anunciadas, la demanda mundial total de cobre aumentará desde unos 26,7 millones de toneladas en 2024 hasta más de 34 millones en 2040. La demanda asociada específicamente a tecnologías energéticas pasaría de aproximadamente 7,7 a 12,2 millones de toneladas durante ese periodo. IEA

En otras palabras: electrificar significa también transportar mucha más electricidad, y para ello hacen falta materiales capaces de hacerlo de forma eficiente.

Litio y grafito: almacenar la energía

La electricidad tiene un reto fundamental: en muchas aplicaciones necesitamos poder almacenarla.

Ahí entran en juego las baterías.

El litio es uno de los componentes fundamentales de las baterías de ion-litio utilizadas actualmente en vehículos eléctricos, dispositivos electrónicos y sistemas estacionarios de almacenamiento de energía.

El grafito, por su parte, tiene un papel esencial en el ánodo de muchas de estas baterías.

Esto explica por qué ambos materiales han adquirido tanta relevancia en los últimos años. El crecimiento de los vehículos eléctricos y, cada vez más, del almacenamiento asociado a las redes eléctricas está aumentando rápidamente la demanda de materiales para baterías.

La IEA estima que la demanda mundial de baterías superó los 1,5 TWh en 2025, después de crecer más de un 35 % en un solo año. En sus escenarios actuales, el litio es además uno de los minerales con mayor crecimiento previsto de demanda hasta 2040. IEA

Pero conviene introducir un matiz: las baterías no tienen una composición única. Existen diferentes químicas y la proporción de litio, níquel, manganeso, cobalto, grafito u otros materiales puede variar considerablemente. La innovación tecnológica puede modificar, por tanto, qué minerales se necesitan y en qué cantidades.

Tierras raras: elementos estratégicos para tecnologías avanzadas

El nombre puede llevar a confusión. Las tierras raras son un grupo de elementos químicos con propiedades muy específicas y no todas tienen los mismos usos ni la misma importancia industrial.

Algunas, como el neodimio, el praseodimio, el disprosio o el terbio, son especialmente relevantes para fabricar imanes permanentes de altas prestaciones.

Estos imanes se utilizan, entre otras aplicaciones, en determinados motores eléctricos y generadores de aerogeneradores, además de numerosos equipos electrónicos y tecnológicos.

Su importancia no deriva necesariamente de utilizar grandes cantidades, sino de que determinadas propiedades son difíciles de sustituir manteniendo el mismo rendimiento.

Esta combinación de función tecnológica, importancia económica y riesgo de suministro explica que la Unión Europea incluya las tierras raras entre las materias primas que considera críticas y estratégicas. La Comisión Europea prevé, además, un fuerte crecimiento de la demanda europea de tierras raras en las próximas décadas. Mercado Interno y PYMEs

Silicio: de la energía solar a los chips

El silicio conecta de manera especialmente clara las dos grandes transformaciones: la energética y la digital.

En energía, el silicio semiconductor es el material utilizado en la gran mayoría de las células fotovoltaicas que convierten la radiación solar en electricidad.

En tecnología digital, también constituye la base de numerosos semiconductores y circuitos integrados presentes en ordenadores, teléfonos, automóviles, equipos industriales y prácticamente toda la electrónica moderna.

Conviene, no obstante, distinguir entre el mineral de origen y los materiales industriales que finalmente utiliza la tecnología. El silicio empleado en aplicaciones de alta tecnología requiere procesos de transformación y purificación muy exigentes.

Ese ejemplo permite entender una cuestión fundamental: disponer del recurso mineral es solo el principio de la cadena de valor.

Centros de datos: lo digital también tiene una dimensión física

Cuando pensamos en inteligencia artificial, almacenamiento en la nube o servicios digitales, es fácil imaginar una actividad casi inmaterial.

No lo es.

Los centros de datos necesitan edificios, servidores, procesadores, sistemas de refrigeración, conexiones de telecomunicaciones y una importante infraestructura eléctrica.

Todo ello requiere materias primas.

El cobre y el aluminio participan en la infraestructura eléctrica; el silicio es fundamental para los semiconductores; y otros materiales críticos intervienen en distintos componentes electrónicos, sistemas energéticos y equipos tecnológicos.

El crecimiento de la economía digital añade así una nueva dimensión a la demanda de materiales. Energía y digitalización, además, están cada vez más conectadas: los centros de datos necesitan electricidad y redes, mientras que las propias redes eléctricas utilizan cada vez más tecnologías digitales para gestionar sistemas energéticos más complejos.

La Comisión Europea considera precisamente las tecnologías digitales, renovables, aeroespaciales y de defensa entre los sectores estratégicos cuya competitividad depende del acceso a materias primas críticas.

No basta con extraer: importa toda la cadena de valor

Cuando hablamos de disponibilidad de minerales, existe otro aspecto esencial: entre un recurso geológico y un componente tecnológico hay numerosos pasos.

Los materiales deben ser extraídos, concentrados, procesados, refinados y transformados hasta alcanzar las especificaciones que necesita cada industria. Después entran en procesos de fabricación y, al final de la vida útil de los productos, parte de ellos puede recuperarse mediante reutilización y reciclaje.

Por eso, la seguridad de suministro no depende únicamente de dónde existen recursos minerales.

Depende también de dónde se procesan, quién dispone de la tecnología necesaria para transformarlos, cómo se distribuye la capacidad industrial y hasta qué punto pueden recuperarse los materiales ya utilizados.

La estrategia europea sobre materias primas críticas aborda precisamente toda esta cadena —extracción, procesamiento, reciclaje y diversificación del suministro— y no únicamente la actividad minera.

La tecnología empieza mucho antes de la fábrica

Un vehículo eléctrico, un aerogenerador o un semiconductor pueden representar algunos de los desarrollos tecnológicos más avanzados de nuestro tiempo.

Pero ninguno comienza realmente en la línea de montaje.

Su cadena de valor empieza mucho antes: con las materias primas que permiten fabricar sus componentes.

Conocer qué minerales necesitamos, dónde se encuentran, cómo pueden obtenerse y procesarse de forma responsable y cómo podemos reutilizarlos es, por tanto, una parte esencial del desafío energético, industrial y tecnológico de las próximas décadas.

La transición energética y digital no depende de un único mineral ni de una única solución. Depende de múltiples materiales, tecnologías y cadenas de suministro que deben funcionar de manera coordinada.

Y comprender esa dimensión material es también una forma de comprender mejor cómo se construye la tecnología que utilizamos cada día.

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